Archive for octubre, 2008


Cadenas

 

 

Llevo una cadena colgada al cuello. Es con la que hice la comunión pero en lugar de la medallita con la virgen, ahora lleva una lágrima de circonita y la inicial de mi nombre. No me la quito nunca.  Duermo con ella, me ducho con ella y me siento desnuda si no la llevo puesta. Me gusta mi cadena, sin embargo ese otro tipo de cadenas que se envían por email, no las soporto.

 

En Internet desde hace un tiempo hay una nueva modalidad de cadenas, sin embargo  estas no amenazan con que vaya a ocurrir alguna catástrofe si las rompes. Son agradecimientos/reconocimientos de un bloguero a otro y éste a su vez tiene que hacer lo propio con otros, avisándoles dejando un post en su blog.  Es un invento para dar un poco de vida a quienes compartimos este tipo de intereses y me parece una idea bonita y por supuesto de agradecer.

 

En cuestión de ocho días, he recibido el aviso de dos blogueros, pero tengo un problema, muchos de los que conocía han dejado de escribir y los que quedan, no son suficientes para seguir la cadena. Estos son los dos blogueros que han premiado/reconocido este blog: 

 

Teresa Cameselle. Escritora y amiga mía. Ya os he hablado alguna vez de ella.  Su primera novela,  La hija del Cónsul, es una lectura que recomiendo. Se deja ver poco por aquí como yo por su blog, pero nos seguimos mutuamente.  Su blog está dedicado principalmente a la literatura.

http://teresacameselle.blogspot.com/

 

Odiseo, aunque por aquí se le ve como Teseo.  A este bloguero le conocí de una forma muy curiosa. Alguien publicó un relato mío como propio y al encontrar mi blog, pensaba que éramos la misma persona. No lo soy, pero se ha convertido en uno de mis seguidores más fieles y desde mayo que abrió su propio blog, compartimos la afición. El suyo está dedicado a una de sus pasiones, la fotografía pero también escribe.

http://odiseo-odiseo.blogspot.com/

 

No puedo seguir extendiendo esta cadena, pero cumpliré con una de las normas exigidas por el protocolo que es poner un link permanente en este blog aunque con Teresa ya lo había hecho, y compartir con ellos las seis cosas que me hacen más feliz y seis que no me gustan nada

 

Las que si:

 

         Despertarme junto al hombre que amo

         La salud y bienestar de los que quiero.

         Los abrazos de mis hijos

         Escuchar las risas de los bebés

         Escribir un relato y que guste.

         Un buen chiste

 

Las que no:

 

         El olor a ajo fuera de la cocina

         El fanatismo en cualquiera de sus formas

         Los besos de judas

         No encontrar la talla que busco cuando me quiero comprar ropa

         Los correos en cadena (ya lo he dicho antes)

         Que me despierten bruscamente.

 

 

¡Hasta pronto! 🙂

 

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Luego te llamo

 

El sol, filtrado a través de la persiana dibujaba atigradas líneas sobre su cuerpo y las hojas de la higuera movidas por una leve brisa formaban un baile de luces y sombras en la pared.

 

Mi mano, acariciaba sus mejillas jugando el cuidado fruto al que dio vida la perezosa mañana que no quiso afeitarse. Tal vez a mañana sofocante de un caluroso verano, o una de esas acolchadas por la escarcha y el hielo de la calle, que invitan a quedarse en la tibia quietud de la cama aún caliente.

 

En la tranquila mañana que nos envolvía, mi mano iba y venía amasando sus cabellos, desbordada en su mejilla, sintiendo en las yemas de mis dedos la magnitud de este momento que sólo fue mío.  Desnudo y vencido por el cuerpo a cuerpo mantenido minutos antes, permanecía inmóvil y con los ojos cerrados sonreía. Su torso perlado de sudor desprendía destellos de oro y saciado, el pequeño colibrí que habita mi vientre, había cesado su aleteo.

 

En el reloj de la iglesia sonaban las diez y como cada fin de  semana, el cortacésped de algún vecino comenzaba su monótono zumbido hasta el mediodía. Los dedos de la pequeña Christelle pulsaban sin descanso las teclas del piano de madame Thiébault y sus notas, en escalas discontinuas cruzaban el jardín hasta los pies de la cama. Poco a poco, el barrio se iba despertando.

 

-¿Quieres tostadas? Le pregunté haciendo el amago de levantarme.  No contestó,  su apenas perceptible respiración me dijo que se había quedado dormido. Salí de la cama despacio y procurando no hacer mucho ruido, cerré la ventana y cogí la ropa del armario.

 

Me giré un instante a mirarle. No pude evitar volver a su lado y con la ternura que se arropa a un niño pequeño, le cubrí y le di un beso.  Parece tan frágil cuando duerme…

 

Descansa un poco más,  le dije bajito, luego te llamo.

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Bonitas Uvas

 

Que todos los días se parecen no es del todo cierto, de vez en cuando ocurren cosas que los hacen diferentes, incluso merecedores de un pequeño rincón en la memoria.

 

Es lo que ocurrió el pasado lunes 20 de octubre. Esa mañana no tenía que trabajar y me apeteció ir a echar un vistazo al nuevo supermercado que habían inaugurado recientemente en Rebastens. 

 

Cuando me disponía a introducir la moneda en la ranura del mecanismo que libera los carritos de la compra, escuché tras de mi la voz de mi vecino Thierry.

-¿Tu tampoco has podido resistir?

– Ya ves Thierry, y lo peor es que no necesito nada.

– Yo tampoco. Sólo vengo a mirar y distraerme un rato. Si quieres te llevo el carro y podemos mirar juntos.  

 

Me pareció una idea genial, el empujaba y yo podía ir y venir por los pasillos con total comodidad. Ahora con un cartón de zumo, ahora con una caja de bolsas de té, más tarde con unas galletas de coco con virutas de chocolate. Si, la porra la dieta, pero aunque prefiera el café solo, alguna vez lo deseo con compañía.

 

En el expositor de fruta, había una gran variedad de uvas. Recuerdo las Chasselas, que son de grano dorado y pequeñito; las Moscatel, muy aromáticas pero ese día estaban demasiado verdes; uvas negras Napoleón; las Crimson, especiales para ansiosos porque no tiene semillas… De repente sentí una necesidad casi vital de comer uvas, ¿pero cual elegir? Le hice una seña a Thierry para que se adelantara hacia las cajas porque no quería que se aburriera esperando.

 

En ese momento salió un chico del almacén portando en sus manos una caja de unas hermosas uvas rosadas de granos grandes, apetitosos y perfectamente redondos. Eché todas las que cogían en una bolsa y fui en busca de Thierry.  

 

Le encontré apoyado en la barra de empujar el carro hablando con un desconocido. Deposité las uvas con cuidado y me quedé entre ellos esperando ser presentada. Thierry seguía hablando, pero el desconocido había dejado de prestarle atención. Era obvio que yo había interrumpido su conversación y aunque contestaba a lo que Thierry decía, no dejaba de mirarme a mí. Yo también le miraba y…  no sé, quizás fueron décimas de segundo pero algo muy extraño pasó.  No sé como explicarlo, hay cosas que sólo se pueden ver en los ojos de quien te mira en ese segundo preciso y que nadie más, por muy mirón que sea, es capaz de ver.

 

Sonriendo, me extendió la mano y en un español perfecto dijo:

-Hola, soy Rubén.

-María, hola. ¿Sois compañeros de trabajo? Le pregunté señalando a Thierry

No, sólo nos conocemos de coincidir en algún torneo de tenis. Soy profesor de español en el instituto de Rabastens.

-Pues encantada de conocerte Rubén, le dije extrañamente contenta.

 

Mientras avanzaba la cola, seguimos hablando de lo bonito que es el súper nuevo, del tiempo que hace este otoño y de otras mil cosas intrascendentes pero que en ese instante cobraron un insólito interés. Al llegar su turno, dispuso sus cosas en la cinta, y tras haber pagado se despidió:

¡Hasta pronto, Thierry!. ¡Mucho gusto, María!,  ¡Bonitas uvas!

 

Era la primera vez que alguien alababa mis uvas y no supe qué decirle. Fue cuando me di cuenta de que apenas había hablado con Thierry. Le miré avergonzada, pero en su sonrisa vi que no estaba enfadado. Es un buen chico. Tal vez le regale algo por navidad, no sé.  

 

Hace un rato me he comido el último racimo y mientras lo hacía pensaba en Rubén y lo sucedido. Si le gustó su aspecto, seguro que le encantaría probarlas.  Sus granos son carnosos, dulces y tan repletos de zumo, que cuesta retenerlo en la boca al hacer estallar su suave piel entre los dientes. Un exquisito placer tanto para el paladar como para la vista.  No creo que los romanos en sus célebres bacanales, disfrutaran de una uva mejor.  Mañana iré a comprar más.  

 

Si veo a Rubén alabaré su pan, su espuma de afeitar o sus ciruelas y si quiere, lo invitaré a probar mis uvas.

 

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Flores

 

Ayer sobre las seis y cuarto de la tarde recibí en mi correo un mensaje con un archivo adjunto, uno de esos típicos pps y como la mayoría venía con la receta milagrosa de que si lo reenviaba a siete personas en los siguientes cinco minutos, se cumpliría aquello que siempre he deseado; el sueño de mi vida.

 

Hasta la fecha he sido bastante escéptica para estas cosas, pero las imágenes que traía el pps eran realmente bonitas y como tenía un rato de esos en los que no se sabe qué hacer, elegí a siete destinatarios y lo envié.

 

Todavía no era hora de que llegasen los padres y los peques daban muestras de aburrimiento de modo que recurrí al que ha sido el gran descubrimiento musical del año, La vaca Lola.  La letra de la canción no puede ser más simple pero a los bebés les encanta.  La vaca Lola, La vaca Lola, tiene cabeza y tiene cola. La vaca Lola, la vaca Lola, tiene cabeza,  tiene cola y hace muuu. Nota

 

El padre de Max vino puntualmente,  pero la madre de Mae y Maureen se retrasaba.  Pensé en el mensaje del pps.  Decía que lo que fuese, ocurriría a las siete y cuarto de la tarde.  El hecho de que un padre se retrase no es ninguna sorpresa, y a esa hora, lo único que ocurría era eso.

 

Como era previsible no se cumplió el sueño de mi vida, pero curiosamente si me llevé una grata sorpresa.  No era mi cumpleaños ni tenía nada que celebrar, pero pasaban un par de minutos de las siete y cuarto, cuando la mamá de las niñas apareció con un ramo de flores para mi; claveles para ser más exactos y lo hizo simplemente porque si.

 

Probablemente esta nimiedad no sea interesante para la mayoría de gente que sigue este blog,  pero tras varios meses de recibir únicamente malas noticias de la gente que me rodea, véanse enfermedades, problemas laborales, desengaños amorosos, pérdidas de empleo…  este detalle tan pequeño,  ha sido una inyección de moral para mí y es posible que dibuje una sonrisa en quien me aprecie aunque sea minimamente.

 

El oráculo se equivocó, un ramo de flores no se parece en absoluto al sueño de mi vida y quien me lo trajo nada tenía que ver con él… pero quién sabe, el azar viene disfrazado de mil maneras y tal vez simplemente sea el punto de partida.