Crisis, palabra que proviene del latín (crisis) y en el diccionario de la R.A.E (Real Academia de la lengua Española), viene definida como: Cambio importante en el desarrollo de un proceso que da lugar a una inestabilidad.

 

Recuerdo que siendo niña, al cruzar el umbral de la puerta de la casa del médico, penetraba por mi nariz el olor del desinfectante y el simple hecho de pensar en una inyección, hacía que me entrasen toda clase de malestares.  Dolores de barriga, sudor en las manos, picores por el cuerpo, temblores… Podría decir que tenía una auténtica crisis de miedo. Algo parecido me ocurría los domingos por la tarde cuando era más mayor. Sabía que si me preguntaban algo sobre los griegos, los romanos, o el tema que se estuviese tratando en ese momento en clase, no podía contar nada porque el libro de historia no había salido de la mochila en todo el fin de semana.  En este caso, la crisis de miedo era más que merecida.

 

Crisis respiratoria, crisis amorosa, crisis laboral…. He conocido alguna que otra crisis,  pero últimamente los políticos han inventado una palabra para referirse a la crisis económica, una palabra que es casi un trabalenguas: Desaceleración.

 

Yo soy una simple ardilla y estos temas me vienen un poco grandes. Vivo en un árbol junto a un río, mis cuarenta principales son los cantos de las tórtolas, las palomas torcaces, los patos, los mirlos y las urracas, mi pantalla de cine es el cielo en el que las nubes van cambiando de forma y si un día no como piñones, que me encantan; siempre puedo recurrir a las nueces, a las avellanas o a las bellotas. Y si no tuviese nada de lo anterior, me comería los huevos de algún nido, aunque sinceramente, espero que ese día no tenga que llegar.

 

Como digo, no son temas de los que una ardilla entienda gran cosa, pero a base de escuchar a la gente que pisa el suelo firme, me voy enterando de cosillas. Dicho así de forma muy resumida, es mucha la gente que está sufriendo las consecuencias de la mala gestión política de unos pocos. Se abrió la caja de Pandora y ocurrió lo predecible.

 

Y yo no sé cual es la solución a este tipo de problemas, pero desde aquí, desde una de las ramas de mi modesto y querido árbol,  quiero dar un mensaje, a todo aquel que quiera escucharlo, pero en particular a un amigo que lo está pasando francamente mal. El se reconocerá.

 

La esperanza no es fingir que no existen los problemas, es realmente la forma más exacta de encontrar las soluciones que nos brinda la vida cotidiana. Es la confianza de saber que estos no son eternos, que las heridas curarán, y las dificultades se superarán. Porque, cada día es nuevo y flamante, y podemos empezar de nuevo.

 

La caja de Pandora volverá a cerrarse 🙂 

 

La música no es un remedio para este tipo de males, lo sé, pero a mi siempre me ayuda en los momentos menos buenos, que aunque pocos, también los tengo. Os invito a escuchar: Il postino, del argentino Luis Enriquez Bacalov  y que pertenece a la Banda Sonora de El cartero y Pablo Neruda. ¡Ojalá! que sea preludio de buenas noticias.

 

 

 

Hasta pronto  🙂