Archive for febrero, 2008


Hace diecinueve años

 

El 23 de febrero del 1989, a las siete de la tarde entraba en el hospital. Nunca había estado ingresada y el motivo por el que lo hacía era totalmente novedoso para mí. Iba a recibir a mi primer hijo, al que no había visto nunca, salvo a través del monitor de las ecografías.

 

El camino no le resultó nada fácil y tras cuatro horas y media y mucho esfuerzo, conseguí ver su cara por primera vez. Lloraba con fuerza y sus bracitos se abrían en el aire buscando algo conocido a lo que agarrarse. El médico me dijo que ese llanto era señal de fortaleza y salud, pero a mi me pareció que estaba casi tan asustado como yo.

 

Cuando me lo pusieron en el vientre, sin creer todavía que esa personita que agitaba torpemente brazos y piernas, fuese algo mío;  le hablé. No recuerdo exactamente qué le dije, pero si que alabé su perfección. Le dije que era tan guapo como había imaginado, que yo era su mamá y que estaba contenta de verle. Creo que eso le dio seguridad, porque a los pocos segundos, había dejado de llorar.

 

Ahora se afeita, toma sus propias decisiones y si quiero darle un abrazo; como hacía él cuando era pequeño, tengo que esperar con los brazos abiertos mirando hacia arriba, a que sea él quien se incline. Ya no llora, o cuando menos no lo hace delante de mí,  pero a veces lo veo triste o melancólico, no sabría decir. Le pregunto y siempre dice que no le pasa nada. Pero es como una mariposa en un día de lluvia, que busca cruzar el cristal de la ventana que separa la fastidiosa humedad del agua, de la vida seca y aparentemente cómoda del interior. Me recuerda en algún momento a mi misma. Cuando quería ser mayor en independiente, porque pensaba que entonces podría hacer lo que quisiera

 

Como aquel día, me gustaría poderle decir que todo le va a ir bien en este lado sólo porque yo estoy aquí, pero no puedo mentirle. La vida en el lado seco no es tan sencilla y fácil como parece y alguna vez, querrá de nuevo cruzar el cristal y será tarde.

 

 

 

Os dejo una canción de Rosie Thomas. One more day . Espero que os guste.

 

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Placer Adulto

 

Como la niña que a escondidas se sube a la silla para coger el bote de la mermelada,  disfruto de su sabor también cuando está vacío.  Arrastro el dedo en su interior y lo acerco a mis labios, con esa mirada inocente de los ojos que miran al cielo.  En ese momento, podrían crecerme dos alas doradas al mismo tiempo que traviesos diablillos cosquillean mis pies.  Sin querer incluso, alguna vez se despiertan en mis manos, otros apetitos. Pero nada es comparable a lo que me ocurre cuando abro el bote por primera vez. 

 

Desenrosco la tapadera y el leve crujir del aluminio del precinto, anticipa lo que irremediablemente va a suceder. Tras despegarlo, el aroma del cacao, sutil y volátil penetra por mi nariz.  Me evoca playas lejanas de arena blanca y palmeras, donde yacen bajo el sol cuerpos desnudos de piel morena, frente a un mar cristalino y perfecto.

 

Pierdo el sentido de las proporciones. El tarro se hace cada vez más grande y yo puedo verme sentada en el borde de su gigantesca boca, con las piernas colgando hacia dentro. Hacia esa superficie lisa y satinada de la crema de chocolate que parece llamarme en silencio,  salta… salta… salta

 

 La puntita nada más, tan solo la puntita del dedo- pienso mientras lucho contra mis propios instintos.  Los pequeños demonios que habitan en mis pies,  me tiran de los tobillos para que caiga adentro.  La tentación, es tan grande…

 

El príncipe de Beukelaer me observa desde sus doradas galletas. Las magdalenas, espectadoras privilegiadas, pegan su cara de luna llena al plástico del envase para no perderse el evento, y desde el primer estante del armario, ensordecidas por las bolsitas de té, me animan las voces entusiastas y dulces de los bastoncillos de canela, ¡hazlo ya!…  ¡hazlo ya!

 

Un segundo… dos… tres…  y totalmente ebria por el aroma del cacao,  me entrego. Sucumbo al placer de ahondar con mi dedo corazón en la densa crema, para al fin llevarlo a mi ya acuosa y dispuesta boca. La lengua excitada, acaricia la suavidad dulce del chocolate alrededor de mi dedo y mis labios, desbordan de puro gozo por las comisuras de la boca al chupetearlo.

 

Si, cuando esto ocurre, alcanzo un almibarado clímax en mi interior y a veces no puedo evitar sentirme culpable, pero ¿quién no se somete al placer alguna vez?.

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Si, es 14 de febrero…

 

Quien me conoce bien, sabe que no me gustan las etiquetas ni los convencionalismos, pero hoy, por donde quiera que paso me recuerdan que es San Valentín, que no se por qué, es el día de los enamorados.  Como si para ello, se necesitara una fecha concreta.

 

La gente se regala flores, cajas de bombones en forma de corazón, se envían versos en su mayoría escritos por otras personas, se escriben palabras bonitas que no se dicen el resto del año…  En fin

 

Me he resistido, pero no es tan malo celebrar que se está enamorado en caso de estarlo, ¿verdad?. O cuando menos, soñar que en algún lugar está esa persona que para ti es perfecta y que algún día encontrarás.  

 

Os invito a escuchar una canción que me encanta, que ha su vez es la banda sonora de una película que fue éxito de taquilla y que para mi gusto, no pasa de moda.  Ghost

 

¡Feliz dia! 🙂

 

 

 

Estaba coloreando una casa con  jardín y como otras veces, me he sentado junto a ella. Le he preguntado cómo le ha ido el día en el colegio y entonces, sin levantar la vista del dibujo, ha empezado a contarme las conversaciones que ha tenido con Melanie, su compañera de mesa. Me ha dicho que esta mañana la ha acompañado su papá, que tiene un bigote muy grande.  Antes de continuar, tengo que decir que esta niña es bilingüe. Francesa por sus padres y española por mi, su nouou. Apelativo que se da a la nanny y que fonéticamente se oye nunú.

  

De repente se queda quieta y dice -Nouou…¿de que color pinto estas flores?-   Del que tu quieras, le contesto, las flores pueden ser de cualquier color.

 

Nounou, te imaginas que el cielo fuese verde?- … Y si fuese verde, ¿de que color serían las nubes? le he preguntado. –Rosas-,…  ha sentenciado entre risas. –Serian como flores muy gordas en el cielo- 

-Theo se ha hecho pipí en los pantalones y la maestra le ha prestado unos que le estaban pequeños-, continúaba explicando, concentrada en no sobrepasar el límite de cada elemento del dibujo. Una vez finalizado y orgullosa de su trabajo, ha recogido los lápices y los ha guardado en la caja.

 

Ha sido entonces cuando ha sucedido. Ya casi no recordaba lo que se siente, y de la forma más inesperada, ha vuelto a ocurrir.

 

Primero,  se ha quedado pensativa diciendo… –Nounou… ¿Tu sais?-… (¿sabes?)

Por inercia, le he contestado un ‘dime’ esperando que continuaría revelándome algún nuevo secreto de su amiga Melanie, o algún hecho importante de lo mucho que acontece diariamente en su pequeño mundo. Pero entonces se levanta sonriente y rodeándome con sus tiernos y jóvenes brazos, me dice:

-Je t’aime-. (Te quiero)

 

Mi hijo mayor, cuando era pequeñito, se abrazaba fuertemente a mi pierna y me decía –Te quiero, mamá; estás fina y eres blanda como una almohada-.  Ya han pasado casi diecinueve años, y desde entonces y hasta hoy, sólo había escuchado ‘te quieros’ en el cine.

 

Me ha emocionado tanto, que he llorado sin querer.  Confundida por mis lágrimas, me ha preguntado si estaba enfadada…, pobrecita. Le he tenido que explicar que la emoción es un sentimiento muy extraño y complicado, porque a veces nos hace llorar de alegría.

 

Poco después ha venido su padre a buscarla y se ha marchado tan contenta, explicándole el percance de Theo y los marujeos con su amiga Melanie.

 

 

Al quedarme sola, he estado pensando.

 

Tal vez el hecho de estar todo el día rodeada por estos pequeños genios que son los niños tenga algo que ver, pero un montón de preguntas ha invadido mi cabeza… 

¿Por qué cuesta tanto decir, te quiero?  Ya se sabe que el hecho de decirlo, ni le da ni le resta valor al sentimiento, pero… ¿Por qué ocultarlo?  ¿Cuándo se pierde esa espontaneidad que tienen los críos y se pasa al mundo frío y engañoso de los adultos?  ¿Por qué se celebra San Valentín?

 

Tal vez tú tengas alguna respuesta… 

 

Hasta pronto…  Os quiero 🙂        

 

 

Miguel Hernández les dedicó una nana que después les cantaría Serrat.  Pablo Neruda les escribió una oda, Al cortarte el cuchillo en la cocina, sube una lágrima sin pena.También se hace referencia a ellas en Demasiada sal, un poema de Tinez, quien visita de este espacio a menudo.

 

Parece que todo eso puede cambiar porque científicos de Nueva Zelanda y Japón  han creado la cebolla que no hace llorar, mediante la eliminación de la enzima culpable de esta reacción. De momento el sabor se ve afectado, pero a medida que avance la investigación puede incluso mejorarse.

 

 

 

Leches sin nata, quesos sin leche, cafés sin cafeina, huevos con omega 3, sandias sin pepitas…  Ahora cebollas con las que no se llora.  Me pregunto qué será lo próximo.

 

En fin.  Cosas veredes