Archive for diciembre, 2007


Me marcho unos dias…

Y a los que entran en este espacio sabiendo lo que van a encontrar, a los que entran por casualidad y anotan la dirección para poder volver, a los que me visitan a diario aun sabiendo que no escribo cada día, a los que se acuerdan de venir como el turrón, sólo en Navidad;  e incluso; a los que se olvidaron de mi…
A los que os entusiasman estos dias de fiesta que se avecinan, o a los que como a mi no os gustan demasiado…  Os deseo, que sean en la medida de lo posible, felices.
 
Los huesos, también forman parte del pavo, 😉
 
 

A mí tampoco me gusta demasiado la navidad.  

 

No me gusta que algo que en esencia es bonito, por una serie de circunstancias, se convierta en uno de los tributos a pagar por el hecho de vivir en sociedad. Hay que alternar con gente que te pasas el resto del año evitando, sólo porque es navidad.

 

Para algunos son fechas tristes porque se echa más en falta a los seres queridos que ya no están y si lo que más apetece es llorar, hay que brindar y estar alegre porque es navidad.  Pero hay una parte de la navidad que si me gusta, y no son los regalos precisamente, tampoco lo que se come… o si, no sé.

 

Cuando llego a la casa de mis padres, me gusta ver bailar las llamas del fuego en la estufa de leña,  y las luces, que como pequeñas luciérnagas doradas y azules titilan alrededor de un nacimiento, que mi madre cada año amenaza con no poner, y que siempre está en el rincón del comedor, junto al aparador.

Me gusta ver a mi padre cortando el jamón, a mi madre preparando la bandeja con los dulces; gran pecado que después requerirá gran penitencia.  Me gusta escuchar a mi tío, que siempre tiene alguna anécdota divertida con la que hacernos reír.

 

Me gusta la Navidad…. y esto lo supe ayer, porque hay quien se acuerda de mí, precisamente porque un día que estaba muy enfadada con el mundo, dije que no me gustaba.

Seguiré diciéndolo, si ha de servir para que Rytfre se decida a pasar por aquí alguna vez 😉

 

Os voy a dejar un tema que nada tiene que ver con la navidad, pero es uno de mis favoritos. Es la música de la banda sonora de una película  con la que lloré mucho en su día, y que volví a ver la semana pasada. Es una de mis rarezas. Si una película me ha emocionado hasta el punto de hacerme llorar, me gusta verla de nuevo.  

 

Elegir un Amor, del año 1991. Posiblemente sin el saxofón de Kenny G el clima creado en la película, no sería el mismo.  Dying Young, espero que os guste.

 

Hasta pronto J

El espíritu de la navidad

 

Escribí este relato hace un par de años, inspirado en lo que vivi una tarde de diciembre, mientras compraba los últimos regalos de navidad.   Había evitado ponerlo porque es algo tristón, pero hubo a quien le gustó en su día y dado que las musas me tienen algo abandonada y no escribo nada nuevo, aquí os lo dejo.

 

* El Espíritu de la Navidad * 

 

En el hilo musical del centro comercial sonaba “Noche de Paz” y los últimos clientes con sus carros cargados hasta los topes, hacían cola en las cajas.
Ya empezaban a dolerme los pies después de estar seis horas paseándome por la zona que teníamos asignada esa semana. Desde la cafetería hasta la tienda de flores, pasando por la consigna y la entrada de la puerta n°1 con su inmenso árbol. Un precioso abeto de casi tres metros, decorado en plata. Tenía bolas de todos los tamaños, pequeños paquetes simulando regalos, velas, espumillones, lazos hechos con cintas con perlas bordadas… todo milimétricamente colocado, y en la parte más alta una estrella de cinco puntas bordeada de luces intermitentes.

Ser vigilante de seguridad, a pesar de pasar tanto tiempo de pie, tenía sus momentos divertidos. A Felipe, mi compañero de turno, le gustaba inventarse historias según la cara y el aspecto de la gente. A veces, incluso competíamos a ver quien la imaginaba más divertida, o más descabellada…pero desde que colocaban el abeto decorado en la entrada, ni el ni yo éramos capaces de imaginar nada. Las caras no nos decían gran cosa. Eran caras sin expresión definida y miradas huecas. Decía Felipe que el espíritu de la navidad los había abandonado.

Veíamos gente deambulando de un lado a otro como autómatas, parándose frente a los estantes de juguetes, mirando los precios, comparando uno con otro… a parejas discutiendo por algo tan absurdo como el regalo que Papa Noel le tenía que traer a sus hijos, o por si sería Papa Noel o los Reyes Magos. También alguna mujer mirando los langostinos y que después de mirarlos, miraba al marido. Y algún que otro marido con una botella de buen licor en la mano, que después de mirar el precio y a su mujer, la volvía a dejar en el estante. Madres empujando los carros, herméticas al llanto de sus hijos. Manos tomando cualquier artículo y volviéndolo a dejar, y en todas las caras la misma expresión. Miradas vacías, sin ningún interés por nada concreto.
Mucha… mucha gente es la que veíamos al cabo del día Felipe y yo… pero muy pocas caras felices. Hasta esa tarde…

-¡Mira Julia, míralo bien! Me dijo Felipe agarrándome del brazo y señalándome hacia el oso vestido de Papa Noel que habían puesto frente a la tienda de ropa infantil y que lanzaba incansable al aire,  incontables pompas de jabón .
¿Que mire que? ¿Las pompas de jabón que lanza el oso?
¡No tonta!…jajajaja… ¡Su cara!
Y cogiéndome sobre los hombros guió mi mirada con su dedo índice hasta la cara de un niño, que sentado en su sillita, sonreía embelesado por la magia desprendida de las irisadas, ligeras y  perfectamente redondas  pompas que salian de la boca del oso.
Ahí lo tienes Julia… Ahí está el espíritu de la Navidad… En la sonrisa inocente de ese niño.

Felipe sabía utilizar las palabras justas en el momento apropiado, y siempre conseguía que terminara el turno con una sonrisa… Después de firmar la hoja de asistencia a la salida, se despidió dándome un beso y deseándome Feliz Navidad. Se subió la cremallera de su cazadora de cuero negra, se puso el casco, y desapareció con su nueva moto entre las luces de colores de la ciudad.
Regresé contenta a casa, donde me esperaba toda mi familia para la cena de Nochebuena.

Ese año también pasaba las fiestas con nosotros mi hermano, que había regresado de Nicaragua donde estaba de cooperante con una ONG.
Al día siguiente, día de Navidad por la tarde, cuando Felipe volvía de la casa de sus padres, un conductor borracho invadió el carril contrario y provocó un accidente, en el que el casco, poco pudo hacer por mi compañero y amigo.

Este año, me han asignado la misma zona. Mi nuevo compañero es bastante soso. Dice que inventar historias sobre la gente es una estupidez y se limita a rellenar la hoja de control de asistencia.
En el hilo musical suenan villancicos en bucle y la vista del abeto, en esta ocasión decorado en azul, no hace más que deprimirme.
Intento buscar la sonrisa del niño de las pompas de jabón en la cara de otros niños, y a veces, parece que consigo verla. E incluso alguna vez, diría que yo también sonrío, pero no estoy segura de si es eso, o sólo soy un reflejo.

Creo que he pasado a formar parte del colectivo de caras de mirada vacía, victimas del abandono del espíritu de la Navidad. Echo de menos a mi compañero Felipe, seguro que se le ocurriría algo para hacerme reír.

Aún me quedan dos horas y tengo los pies doloridos. No me gusta la navidad.  Estoy deseando acabar mi turno para irme a casa, meterme en la cama y dormir.


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Que deprisa pasa el tiempo, o que lento. Es curiosa la percepción que se tiene del mismo, dependiendo del estado de ánimo, de como se emplea….En fin, mil cosas.  Entre los problemillas de salud que me han mantenido apartada a la fuerza y la poca inspiración, hacía más de un mes, que no aparecía por aquí.

 

Me he dado cuenta de que este espacio ha cumplido un año en noviembre, y después de todo este tiempo me sigue sorprendiendo la cantidad de personas que entra en él.  Algunas sabiendo lo que van a encontrar; otras remitidas de otros blogs, y otras;  puramente por casualidad buscando otras cosas en Google.   Unas echan raices en él y otras,  son anónimas aves de paso.

 

He estado mirando qué busca la gente en Google para decidirse a entrar y aquí os pongo una selección de esas búsquedas.  Algunas son bastante curiosas.

 

La ardilla roja mano por detrás

Carpe Diem

Higado humano fotos   (esta es la que más me ha extrañado)

De qué color son las sonrisas

El color de una sonrisa

Raúl Luceño.

¿Me gusta la ardilla, qué significa?

¿Qué puede hacer una ardilla roja?

Como se dice ardilla en inglés

Ardilla Roja, blanca y azul.

Palabras bonitas

 

Pero sobretodo me llama la atención una que la he encontrado repetidamente:

Jane Seymour, desnuda.

 

Como ardilla curiosa, también la he buscado yo, y aquí dejo el link de dos imágenes.

Pertenecen a una secuencia de la película Simbad del año 1977. Desconozco si puede haber otras.

 

http://img24.imagevenue.com/loc613/th_49795_Seymour_3_122_613lo.jpg

 http://img129.imagevenue.com/aAfkjfp01fo1i19419/loc182/49801_Seymour_4_122_182lo.jpg

 

 

También os dejo una canción de finales de los sesenta, que me encanta.  Brown Eyed Girl, de Van Morrison y la imagen de esta simpática chica de ojos oscuros  😉

 

 

Hasta pronto…