Archive for agosto, 2007


 

 Y añado: Encantador. 

 

Yo tenía veintidós años, cuando la empresa madre de la fábrica en la que yo estuve empleada, organizó unas jornadas de trabajo en el hotel Princesa Sofía. Por entonces más lujoso hotel de Barcelona.

 

En el último día de reuniones, el director de la fábrica, llevó a dos de las chicas de las oficinas.  Una era Elisa, de la sección de expediciones y la otra fui yo. La cuestión es que cuando llegamos, las reuniones de trabajo se habían convertido en una especie de fiesta, en la cafetería del hotel.

 

Los jefazos a los que siempre habíamos visto con cara de vinagre, estaban relajados, sonreían… y Elisa y yo, estábamos allí sin comprender muy bien  qué estábamos haciendo en medio de todos ellos, en un ambiente que desde luego no era el nuestro.  Quizás fuese una forma de recompensar nuestra paciencia a la hora de aguantar su malhumor en multitud de ocasiones, no lo sé.  

 

Vinieron a rescatarnos dos chicas de ventas y nos llevaron a una  mesa donde esperaban otros compañeros. Tras varias horas de charla distendida y buen humor, la gente empezó a marcharse.

 

Y cuando ya nos íbamos nosotras también, escuchamos: Señorita, ¡se deja usted el bolso! 

Elisa y yo nos quedamos sin saber qué decir.  José Luis de Vilallonga, se acercaba hacia nosotras con mi bolso en la mano.

 

Ardilla Roja, en esa ocasión tanto como un tomate, se quedó con la boca abierta mientras el más polifacético y distinguido de los personajes del papel couché le entregaba el bolso y le decía al oído: Cierre usted la boca que los famosos, somos tan mortales como los que no.

 

Ayer, 30 de Agosto del 2007, moría a los 87 años de edad.

 

Fueron sólo unos minutos, pero suficientes.  Lo dicho, encantador. 

 

Descanse en paz José Luis de Vilallonga.

   

Y se acabaron…

 

Pasamos el año trabajando y llegando el verano siempre pensamos en disfrutar de unas buenas y merecidas vacaciones, aunque, no siempre es así. Bueno, merecidas siempre lo son, pero a veces no resultan agradables.

 

Este verano ha habido inundaciones importantes en el Reino Unido, en Alemania… también en Estados Unidos… Lluvias generalizadas en la mitad norte de España y persistentes en la totalidad del territorio francés. Podemos decir, que no han sido unas vacaciones ideales para un gran número de personas.  

 

Las mías han sido bastante surrealistas este año.  La noche del veintisiete de Julio un desagradable incidente me hizo visitar el hospital de l’Unión, cerca de Toulouse, donde un apuesto y bronceado doctor que acababa de regresar de la isla de Reunión,  me sugirió pasar la noche con él. En otras circunstancias, no me hubiese importado, pero preferí volver a casa con mis hijos que se habían quedado solos y porqué no decirlo, también bastante asustados.

 

El morenazo doctor, ante mi negativa, me hizo prometerle que por la mañana llamaría a otro médico, experto en maniobras endoscópicas, para pedirle una cita de urgencia.

 

No os voy a aburrir contando mis idas y venidas al hospital, porque no creo que sean interesantes para nadie. Resumiendo diré, que me fui veinticuatro horas después de despertar de una anestesia general y con el interrogante que supone no saber el resultado de la biopsia gástrica que me practicaron al hacerme la endoscopia.  

 

Nunca había recibido malas noticias, por lo que estadísticamente, esta vez no tenía porqué ser distinto, pero de todos es sabido que en medicina, dos mas dos, alguna vez no suman cuatro.

 

Si, mis vacaciones no empezaron con muy buen pie y dos días después de llegar a la casa de mis padres, mi abuela enfermó y hubo que ingresarla. A mucha gente le ocurre, pero a ciertas edades, la recuperación puede ser más complicada.

 

Son curiosas las distracciones que se pueden tener en un hospital. Aparte de ver la televisión o leer, se puede matar el tiempo de muchas formas.  Jugar con la inclinación de la cama, comparar el calzado de las enfermeras, del que hay una auténtica moda;  leer los nombres de las batas de los médicos. Clasificar a estos por su aspecto físico. Si son, altos, bajos, rubios, morenos, si te estrechan la mano con firmeza,  si te miran o no a los ojos cuando te explican las cosas… También se puede una abstraer en el goteo de un suero… Contar los segundos que tarda la enfermera en llegar cuando se la llama…. En fin…

Hace una semana que terminaron mis vacaciones y sigue el mal tiempo. Llueve casi a diario y dificilmente se superan los veinte grados, no obstante,  la higuera que tengo en mi jardín, se esfuerza en madurar sus frutos y consigue convertir el simple hecho de coger un higo maduro, en algo realmente extraordinario.

 

Este año, el verano no ha querido pasar por aquí. No he podido ir ni una sola vez a la playa y tampoco he disfrutado de mi piscina, pero estoy contenta.  Mi abuela ya está en casa y el resultado de mi biopsia no reveló sorpresas.

 

Nuevamente, dos más dos, han sumado cuatro.

 

Os dejo en la lista de música, un tema de Diego Torres que mentalmente he estado cantando durante más de un mes.  Color esperanza. Que contrariamente a lo que se dice, yo no la veo verde, si no azul.  También podéis escucharlo directamente, pinchado en Listen

 

Un saludo a todos.