Archive for mayo, 2007


Hola!!

Lo se … lo se,  llevo muchos días sin dar señales de vida y no creáis que no lo siento.  

He visto que May se ha preocupado por mi ausencia por eso me decido a asomarme. Y como le dije a ella, es difícil contar algo cuando no se tiene nada que decir.

Podría hablar del tiempo, tema muy socorrido pero poco interesante…  De mi vecino Charlie que es un orgulloso porque no ha vuelto a visitarme. De la luna que hace días que no veo porque las nubes se empecinan en ocultarla.  De Alparcero, que me sigue desde la primera letra que escribí… De amigos que creía desaparecidos… De lectores ‘sin nombre’…   Del duende de mi lavadora que travieso atesora calcetines del pie derecho dejando al del izquierdo sin pareja, solo y aburrido en un rincón, a la espera de que vuelva. De las hadas, que otras veces me han dictado lo que tengo que escribir y que deben hibernar en esta rara primavera.

Podría hablar de muchas cosas y al final,  no decir nada. 

Os dejo una canción.  Mentiras Piadosas, del gran Sabina

 

Hasta pronto.

Visitas inoportunas


Con el glamour que da un delantal estampado con cítricos y frutas tropicales fui a abrir la puerta. Nunca abras una puerta sin preguntar quien es, me aconsejaba mi madre siendo niña, pero en un alarde de confianza y casi con la plena seguridad de que era el cartero, me terminé de secar las manos, me atusé las greñas y sin mirar por la mirilla, abrí.

Y allí estaba, inoportuna como es habitual en ella.  Erguida, mirando desde arriba con el cuello estirado como la que siempre se está asomando,  y un moño que en vano aprieta para alisar las arrugas de su  cara.

– ¿Vengo en mal momento? Dijo con retintín y el cinismo al que nunca terminaré de acostumbrarme.  Por supuesto que si, alguien como ella, siempre llega en el peor momento.  Si supiera lo infinitamente molesta que es, lo pensaría dos veces antes de irrumpir sin previo aviso en la casa de nadie, pero ella es así, amén de ser una vieja impertinente y fastidiosa;  es maleducada.

– Hacia tiempo que no venía y quería darte una sorpresa. Siguió diciendo con esa sonrisa de hiena estreñida que tanto me crispa.  Hace  tiempo que la conozco y es como de la familia. La típica pariente a la que no soportas pero que te ves obligada a atender porque no te queda otro remedio. Viendo la bolsa que traía supuse que venía dispuesta a quedarse, pero aún así, le pregunté con la esperanza de que sus planes fuesen otros. Como podéis imaginar, estaba equivocada.

-Si no te importa… No me daba igual,  pero ya estaba en casa. ¿Qué otra cosa podía hacer?

Terminé de fregar los platos intentando no prestarle atención, aunque a veces es prácticamente imposible. No perdí los nervios cuando se pegó literalmente a mí, mientras le ponía sábanas limpias a la cama  y aguanté estoicamente, cuando después de darme una ducha con un gel carísimo y relajante al aceite de ylang-ylang y extracto de karité, vi que estaba sentada en el bidé con su bolso pasado de moda sobre las rodillas, pero aunque en ese momento estaba callada, su omnipresencia es suficiente para acabar con la paciencia de cualquiera.

– No te preocupes por mí  y haz lo que tengas que hacer, que si  no ceno, tampoco pasa nada.  

Si alguien merece un premio a la más insolente y desagradable de las compañías, es ella. Su  irritante voz se metió por mis oídos, y como una oruga que devora las hojas de una morera,  poco a poco, me fue rebanando y comiendo la cabeza con sus rancias y sempiternas historias. Que si fulana es mas joven que ella, pero está mas vieja, que si a mengana le robaron mientras dormía, que si su vecina se ha liado con el negro que vive en el piso de arriba, que si esto, que si lo otro… Dejé de hacer esfuerzos por disimular mi malestar, pero a ella no parecía importarle, seguía hablando y hablando sin apenas respirar, mientras yo me llevaba la mano a la cabeza y le imploraba a dios que obrase el milagro de sellarle la boca y si era posible, la hiciese desaparecer por los siglos de los siglos.

Apenas probé bocado en la cena y me acosté sin muchas esperanzas de poder dormir, pero lentamente fui consumiendo mi vigilia por puro agotamiento, hasta que finalmente,  pude cerrar los ojos.

Cuando desperté por la mañana, vi que se había marchado igual que había venido, sin avisar.  La Sra. Migraña es así;  imprevisible, inoportuna y muy maleducada. Viene cuando quiere, y se va cuando le da la gana. Esta última vez ha estado sólo un día. ¿Cuánto tardará en volver?

 

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