Archive for abril, 2007


Olores y recuerdos


De todas las formas de recuerdo, tal vez sean los olores, las que tengo grabados en la memoria desde mis primeros años. Es curioso como un aroma nos puede transportar a momentos que pueden quedar tan atrás en el tiempo.

El olor a tierra mojada, puede llevarme a una tarde de agosto en la que, como suele ocurrir con las tormentas de verano, empezó a llover casi sin avisar.
Mi abuela se apresuró en recoger la ropa que estaba tendida y ahora, cuando riego mi jardín en el verano, o rocío la calle para aplacar el calor, el olor desprendido hace que rememore la imagen de mi abuela con su pelo blanco despeinado por el viento.

La flor del azahar, me evoca los viajes que hacía con mi familia al pueblo, en las vacaciones de Semana Santa. Solíamos viajar de noche y yo me dormía en cuanto entrábamos en la autopista, pero al pasar por la provincia de Valencia, la fragancia intensamente fresca del azahar que penetraba sutil por las trampillas de ventilación del coche, me despertaba. 
Es de uno de los olores que mas me gusta. Tanto es así, que fui con unos amigos de visita a una casa. Junto al ventanal del salón tenían una maceta enorme con un limonero en flor. En realidad no tenía mas que una, pero no pude resistir la tentación de acercarme a olerla. Los dueños siguieron mostrando su casa y al regresar me encontraron con la nariz pegada a la pequeña flor, respirando con los ojos cerrados.

El mar… los mensajes que mandaba en botellas que nunca contestó nadie, alguna tarde de novillos con Raquel, cuando íbamos al rompeolas a dejarnos salpicar por la espuma, cuando las olas rompían en el espigón. Oliendo, respirando… llenando al máximo los pulmones del penetrante y salino aroma.

Las virutas de la madera y el serrín, que me llevan a los brazos de mi tío cuando volvía de trabajar. Olía tan bien, que no podía reprimir el impulso de saltar a su cuello y cubrirlo literalmente de besos.  

La albahaca, la hierbabuena, el tomillo, el pan caliente, la ropa recién planchada, la piel de bebé, el azúcar tostado, la canela…

 

¿Y los tuyos, cuales son?

La música que he elegido para esta entrada es la de otro tipo de recuerdos, o quizás no, porque para mi también tiene un aroma especial. Es una pieza increíblemente bonita compuesta por Francisco Tárrega para guitarra, "Recuerdos de la Alhambra". 

Hasta pronto…

 

Se busca

Se dice que hay que tener cuidado con lo que se desea, porque se puede cumplir.  También se dice que si se anhela algo con mucha intensidad, el deseo puede verse satisfecho. 

Yo creo que no. La fuerza del deseo no es suficiente. Algo más tiene que influir para que así sea. Nada pasa por las buenas. 

Hace unos días en un comentario que dejé en el blog de Xrisstinah, una compañera internauta, le decía algo así como que deseaba que un “sin nombre” me comentara "algo" a mi también.  En realidad lo que le estaba diciendo es que la envidiaba por lo bien que escribe. La cuestión es que, casualidad o no, pocos días después el mismo “sin nombre” que comentó su trabajo, entró en este espacio,  y me dijo "algo". 

¿O tal vez fue otro que pasó por allí?, qué más da, pero me parece justo decirlo, porque gracias a “Sin nombre” quien quiera que sea, he visto cumplido uno de mis deseos, pequeñito, pero deseo al fin y al cabo. 

Si me lo permitis, quisiera además, contestar a sus preguntas:

Del “tirón” escribí la segunda parte del relato.  La primera me costó un poquito más. Normalmente suele ser así. Y definitivamente no, querido “Sin nombre”  (que feo resulta llamarle así, pero no puedo hacerlo de otra forma…),  el tamaño de la aleta de mi tritón, no importa, pero literariamente era lo más apropiado. Teniéndo un torso atlético y musculoso, y cola de pez, no puede tener una aleta esmirriada ;p  (Ay! perdón, que me da la risa)

Muchas gracias por tu comentario.

Esto de “sin nombre”, me suena a sin rostro, sin identidad… Y si es así,  ¿A quien le estoy escribiendo?  Poco importa.  Él si sabe quien es, ¿O es ella?… Será mejor que deje de preguntarme cosas, que no puedo responder.

Hoy os dejo un tema un tanto especial.  Venía de fondo de un pps que me enviaron. Y gracias a la inestimable ayuda de mi amigo Alparcero, ahora puedo escucharlo sin necesidad de abrir el archivo.

Digo que es un tanto especial, porque tampoco tiene nombre.  No sé que tema es, ni quien lo canta, pero es tan bonito… Lo he llamado Relajación, igual que el pps.

Si alguno de vosotros lo reconoce,  por favor que me lo diga.  Aunque sea “sin nombre”.

Gracias y hasta pronto…

Mi vecino Charlie

 

Si, ya sé…  llevo varios días sin escribir nada y sé que alguno de vosotros se sabe mis relatos de memoria, pero es que no tengo nada que contar.  Nada distinto a lo que le pueda ocurrir a cualquiera.  ¿O tal vez si?  Poco importa, hoy  os hablaré de mi vecino Charlie

Es un precioso y llamativo gato persa.  Parece una gran bola de pelo de color gris y blanca por la parte del pecho.  Destacan sobre sus bigotes dos asombrosos zafiros brillantes e intensamente azules. Algunas mañanas lo veo pasearse por el borde de pared de la cerca y al llegar a uno de los pilares de mi portal, se sienta y otea desde lo alto la calle moviendo de vez en cuando su peluda y elegante cola. Otras, lo sorprendo acurrucado sobre el banco de la terraza tomando el sol, y al verme, da un silencioso salto y se marcha con paso sigiloso y distinguido.

Ayer, desde el mismo lugar en que estoy ahora, tras el portátil,  mirando por el ventanal las lilas que empiezan a florecer y las ramas de las encinas del río que despacito se empiezan a vestir de verde… Con la vista perdida en un cielo lleno de gordas, esponjosas y blancas nubes con las que el sol no paraba de jugar al escondite,  abstraída en  la voz de  Chayanne, que en ese instante cantaba en radio Kiss… Lo dejaria todo por que te quedaraaas… Mi credo, mí pasado, mi religiónnn estando, como dirían algunas personas, sin hacer absolutamente nada, oí un ruido tras la puerta del garaje. 

No soy de las que se suben a la mesa al ver un ratón, pero sin saber qué lo producía, abrí con cautela. Cual fue mi sorpresa, al descubrir a Charlie, mirándome con sus refulgentes e increíbles ojos garzos. 

-¿Qué haces aquí?  Le pregunté sin esperar respuesta; pero acto seguido dejó escapar un ronroneo suave y meloso mientras se cruzaba entre mis piernas y las acariciaba con su majestuosa y esponjada cola. En lenguaje gatuno parecía decir: “¿me dejas entrar?”… 

El día de hoy ha amanecido plomizo y lluvioso y Charlie no ha salido del porche de su casa.  Lo he visto lamiéndose las patas y acicalando su bello pelaje. Al saludarlo me ha mirado brevemente y sin mostrar el más mínimo interés en mí, ha seguido con su tarea.  No le culpo, el día anterior vino a verme y no le invité a pasar, pero incluso así, cuando se muestra desdeñoso, sigue siendo un gato guapísimo.

Si en vez de ardilla, fuese gata, ahora estaríamos los dos lamiéndonos el pelo, mutuamente, estoy segura.

Lo dejaría todo…, precioso tema.  Podéis escucharlo dando al play  y disponéis de él en la lista de música.  

Hasta poronto.

Transparente

Quizás fuese producto del cansancio o tal vez, no me había despertado aún del todo.  Bajo el agua de la ducha no podía ver con claridad mis pies y mis mulsos por los que sentía resbalar la espuma del jabón, se iban convirtiendo en formas etéreas que no alcanzaba a percibir. Pensé que debía ser un efecto producido por el vapor del agua que llenaba la cabina de la ducha,  pero al salir, frente al espejo me di cuenta de lo que ocurría. A través del leve dibujo de mi silueta podía ver con absoluta nitidez los azulejos de la pared que tenía detrás. Mi cuerpo, e incluso el albornoz de algodón rosa que acababa de ponerme, cobraron una inverosímil forma volátil y traslúcida.

En un principio me asusté, pero poco a poco, el hecho de ser transparente, fue formando parte de mi cotidianidad. Así, los días discurrían planos e infinitos y las semanas, pasaban a una velocidad  tan extrema que casi me producían vértigo. Un vacío cada vez más grande y asfixiante me iba engullendo haciéndome gradualmente más invisible, hasta que decidí poner fin a esa sensación de angustia permanente y fabriqué mi propio mundo. Un mundo de colores inventados en el que podía soñar,  respirar, vivir…

Como en la adolescencia, volví a escribir mis sueños que lanzaba a extraños mares en botellas imaginarias. Océanos habitados por la más extraordinaria y heterogénea fauna, con la que me sentía sorprendentemente a gusto.  Yo era transparente y me fundía a la perfección en ese insólito mundo de seres fugaces, oníricos, e incorpóreos.  

Sin saber cómo ni porqué, debió de ser la casualidad, el azar, o simplemente tenía que suceder así, porque así debía estar escrito;  el destino me puso frente a frente con un apuesto y fornido tritón.  Al ver mis ojos reflejados en el verde marino de los suyos, sentí una rara sensación que tenía olvidada en el tiempo, un extraño e intenso mareo que me hizo perder el equilibrio.  Por suerte, sus fuertes brazos me sujetaron impidiendo que cayese de bruces al suelo.

Yo era transparente,  pero él supo verme.

Desde entonces, amparados por las sombras de la noche nos vemos en secreto en las rocas de la orilla. Yo lo espero disfrazada de sirena y él emerge de las olas, solícito y galante, dispuesto a poner la luna en mi mano si se la pidiese.

Nos fundimos en abrazos infinitos e imposibles. Él, rodea mis transparencias con la firmeza de sus brazos, enreda sus dedos en mis cabellos húmedos y lame con placer la sal de mis pies descalzos. Yo, mimo su irisada, brillante y vigorosa cola que acaricio y beso sin descanso. Ansiosa, bebo con una sed insaciable y permanente, el agua de su torso, de sus manos, de su boca…

Me susurra al oído canciones que sólo él conoce y con una loca agitación,  retozamos sobre un lecho de algas verdes. Las anémonas, enrojecen al ver  nuestra ardiente lujuria y los mejillones nos lanzan guiños anaranjados, sonriendo pícaros y complacientes desde las rocas.

Convertida en amazona marina, sujeto entre mis muslos su brioso e inquieto timón tornasolado,  y excitados por las burbujas que provoca su gran aleta, pasamos la noche forjando filigranas de espuma en el agua,  saltando las crestas de las olas y  haciendo piruetas de delfín.

Exhaustos y felices miramos la luna desde la orilla. Yo recuesto mi cabeza sobre su pecho y él me abraza y dibuja arabescos azules con su serpenteante cola sobre la arena.

Sé que es extraño, quimérico, que escapa a la razón, pero amo a este hombre, o debiera decir pez, no lo sé, es increíble, pero le amo.  Antes del amanecer, debe regresar al mar, al mundo al que pertenece, pero mientras está conmigo, es mío, sólo mío.   

Él me ve…  Con el agua verde de sus ojos y a través del trasluz etéreo de mi cuerpo, él me ve.

 

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