Archive for marzo, 2007


Curiosidades

Me he preguntado muchas veces qué busca la gente que cae aquí por pura casualidad, y he estado haciendo una recopilación de las búsquedas hechas en su mayoría en Google, aunque también se usa bastante de Windows Live Search.

Algunas son realmente curiosas, a ver que os parecen:

Decoración del hogar.
Jane Seymour
Otxate – Alava
Letras traducidas de Rosie Thomas
Lunas de papel
Blue Velvet, cuerpos Danone  (en la misma)
Banda sonora rapsodia de Rachmaninov
Fotos de Jane Seymour desnuda.
Letras de Bobi Vinton.
Temas de la película, noches de sol
Princesa en la terraza
Traje de ardilla
Letras de Rosie Thomas traducidas  (quien fuera, no debió encontrarlas).
Canciones de la ardilla roja
Imagen flor, rosa negra.
Boca pastosa y mocos en la garganta (con esta he alucinado)
Rapsodia paganini, variación 18
Cuidados de la ardilla roja
Loewe, pene, boca   (sin comentarios)
Repoblación de ardillas
Constelación, ojo de gato

Estoy perezosa, lo reconozco.  Este diario que empecé con muchas ganas, se está quedando en semanario. Los gremlins que atacaron mi riñón, me han dejado casi sin energías y la verdad es que entrar a daros mis niveles de ferritina o si los glóbulos rojos están rojos o de dos colores, no tiene mucho interés ¿no?

Os dejo en la lista de música un tema de uno de mis autores y cantantes favoritos. Tiene otros muchos que me gustan, y quizás más conocidos, pero éste, me gusta especialmente  ‘Una sirena en la Alhambra’  

Irrepetible Carlos Cano, cuánto sentí que se fuese.

 

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Mas ardillas

Enla lista de pasatiempos, os he dejado un juego.  Es muy sencillo, se trata de ir saltando tejados y cornisas de ventanas, y acompañar a la ardillita en su recolecta de cerezas. Yo, ya la he desnucado varias veces a la pobre…

A ver si teneis mas suerte.

http://www.ferryhalim.com/orisinal/g3/home.htm

Ardillas

Un día, hablando con un amigo, me preguntó cómo es posible que tenga colecciones de lunas y nebulosas, y no tenga ardillas.  No es del todo cierto, no las había puesto en el blog pero sí he ido recogiendo ejemplares que yo misma he buscado o que me han ido regalando.

Podría hacer un estudio profundo sobre la ardilla, pero siendo un animal que prácticamente está en los cinco continentes, sería un ladrillo insoportable para quien lo leyese.  Así que me voy a centrar en la Península Ibérica, donde hay hasta seis subespecies de la llamada ardilla roja o sciurus vulgaris.

Las más grandes se encuentran en la zona de Madrid, Ávila, Segovia y Valladolid;   en Burgos, Asturias, León, Vitoria, Huesca, Cuenca y Tarragona tienen un tamaño intermedio, siendo en la zona del Pirineo donde se encuentran los ejemplares mas pequeñitos. Por el norte de Granada y en la Sierra de Cazorla tienen la garganta blanca y en Sierra Espuña (Murcia) y Sierra de María (Almería) se pueden encontrar con la cola blanca.

Aun siendo ‘roja’, el color del pelaje puede variar dependiendo de la época del año, yendo del color ámbar en las temporadas de calor, hasta ser profundamente oscuro, casi negro, en invierno.  

Hace un tiempo, Luna me dejó un par de nueces en el blog,  y amigos a los que tardo en escribir, también me envían nueces y avellanas por correo.  Detalles simpáticos que agradezco. Pero si hay algo que vuelva loca a una ardilla, son los piñones. Es una experta en el arte de limpiar piñas, pudiendo devorar una, en menos de tres minutos. Le gustan todo tipo de frutos secos, pero también come setas, huevos, e incluso pájaros e insectos.

El agua es un factor indispensable para su presencia. Pudiendo verse cerca de manantiales y arroyos. Vive en todo tipo de bosques, ya sean frondosos o pinares,  y no hiberna. Sólo en días de mucho frío se refugia en su nido, que tiene perfectamente abastecido para este tipo de contratiempos. También el calor excesivo le hace bajar el ritmo ¿a quien no?, permaneciendo a la sombra en las horas de la siesta, y estando mas activa al amanecer y a últimas horas de la tarde.

La ardilla roja es un animal muy sociable que acepta la presencia humana sin dificultad por lo que se la puede ver en los parques y jardines de las ciudades y acepta con gusto el alimento de personas. En cambio en la sierra, es bastante desconfiada y muy esquiva.

Para terminar, os voy a contar una particularidad sobre ella y que curiosamente comparte conmigo.

En épocas de abundancia, entierra los frutos en el suelo a modo de despensa para los tiempos de escasez;  los esconde en varios sitios que sólo ella conoce, pero es tan despistada que muchas semillas quedan olvidadas posibilitando el nacimiento de un nuevo árbol.   Yo también soy bastante despistada en ese sentido.  A veces guardo tan bien algo, que luego no consigo encontrarlo.

Ha sido un esbozo de cómo vive una ardilla roja.  En el nuevo álbum de fotos, también podéis ver ardillas grises o de Las Carolinas, originarias del continente americano;  alguna ardilla moruna, introducida en la isla de Fuerteventura desde Africa, y  ardillas listadas, que pueden ser de Japón o Korea.

Sólo una cosa más.  Nunca pido nada, pero esta vez si os voy a pedir un favor personal.  Si vais al bosque esta primavera, o este verano y en el suelo veis piñones o bellotas, no volváis a casa sin haber enterrado al menos un par.  Quién sabe, tal vez si imitamos a las ardillas, los bosques no mueran del todo.

 

La estatua mágica

Ayer recibí un e-mail de Luna. Me envía un enlace para ver una espectacular puesta en escena en la que se mezclan pantomima, magia, ilusión.  Yo la conocía, pero considero que es una representación que nadie debería perderse.

Debido a su gran tamaño y a las exigencias de mi hosting, no he podido poner el video en el reproductor, pero si en la lista de descargas.  Creo que es una pieza digna de ser guardada.

Pero antes, un poquito de historia:

Fue en el año 2004, cuando en el célebre cabaret El Lido, de París, Jerome Murat presentó por primera vez su asombroso número de ‘La estatua mágica’.  Y de ahí fue seleccionado para representar a Francia en el trienal campeonato del mundo de magia que se celebró el pasado 31.07.06 en Estocolmo, Suecia.

No consiguió ganar.  Entre tres mil participantes, se alzó con el primer puesto el joven mentalista argentino de veinticuatro años Juan Ordeix, pero el video que circula por Internet, sorprendiendo a quien quiera que lo ve, es el de Jerome y su estatua magica.  

Disfrutadlo.

Este es el enlace para verlo:
http://www.dailymotion.com/video/xygip_jerome-murat

 

 

 

Alina y Marco

Alina y Marco vivían con sus familias junto al río Mincio, al norte de Italia. Se conocían desde niños, y pasaban juntos todo el tiempo.
Pescaban cangrejos en el río, iban a buscar trufas, recogían huevos de perdiz o simplemente se tumbaban en la hierba a buscar figuras en las nubes.
Siempre había sido así, hasta que Alina cumplió los catorce años. Sus padres como la mayoría de los padres de aquella época, no querían que la mujercita en la que se había convertido se siguiera comportando como una niña, y empezaron a controlar sus salidas.

Alina no comprendía que la vida hubiese cambiado tanto, y progresivamente se fue sumiendo en una profunda tristeza que la hacía llorar por cualquier motivo. Cuando salía con sus hermanas a recoger bayas, lo hacía sin ilusión y cuando se tumbaba en los trigales, el vacío de Marco le impedía encontrar nada bonito en el cielo.
A él por su parte, le partía el corazón verla a distancia y el mundo había dejado de ser un sitio divertido para vivir. Necesitaba estar cerca de ella, escuchar su risa y ver la marca que sus pies dejaban al pisar la hierba.

No los dejaban estar juntos, pero se seguían. Se buscaban con las miradas, se sabían y se conocían tanto, que no necesitaban hablar para entenderse. Así fue como lo decidieron junto a los chopos del río una mañana, les bastó un cruce de miradas para saberlo. Ya no había más tiempo que perder y lo harían esa noche, cuando la luna estuviese en el centro del río.

Cuando estuvo segura de que todos dormían, con la ligereza y rapidez de una serpiente, Alina se deslizó bajo las pieles de su lecho y salió de la choza. Corrió hacia el río, al lugar señalado; con un arrebato y una urgencia desconocidos y nuevos. Al verse, impacientes y sorprendidos por esa extraña fuerza que los invadía, se abrazaron, se besaron, se tocaron con toda la intensidad que pudieron soportar sus jóvenes corazones, y con la luna como testigo, por primera vez se amaron.

Al día siguiente los encontraron. Sus cuerpos abrazados, yacían inertes en una tumba que ellos mismos habían abierto en la tierra pocas horas antes. A su lado, restos de bayas de belladona, la más vieja de las tres parcas encargadas de cortar el hilo de la vida, contaron lo sucedido.

Nadie quiso separarlos.

El pasado seis de febrero, Elena Menotti directora de un equipo de excavaciones en Mantua, al sur de la ciudad de Verona en Italia, comentaba emocionada el hallazgo sin precedentes de una tumba con los restos de dos jóvenes abrazados. Cincuenta siglos después, Alina y Marco, aunque probablemente sus nombres fuesen otros, mantienen inalterable su infinito abrazo.

 
 

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