Aprovecha el día, no confíes en mañana.

Ayer estuve viendo una película que incomprensiblemente no había visto todavía y que sin remedio estaba destinada a ver.  ‘El club de los poetas muertos’. 

Al inicio, cuando el profesor de Literatura se presenta a los alumnos y les habla de Walt Whitman y su famoso ‘Carpe Díem’, un escalofrío de placer recorrió mi espalda.  Parte de esa obra la tengo a la vista,  pegada con cinta adhesiva en la puerta del armario donde guardo mis CDs vírgenes y la frase que subtitula este espacio, también pertenece a ella.

No sé si como dice Whitman, las palabras y la poesía pueden llegar a cambiar el mundo, pero sí ayudan a verlo desde otra perspectiva.  Me encantó la película, y desde ayer ha pasado a formar parte de mis obras fetiche.

Hay quien no entiende que se pueda llorar a gusto y menos por una película en la que, como manifiestan algunas personas, todo es mentira; pero yo pasé un rato buenísimo dejándome fluir con las escenas finales.  Los chicos se suben a las mesas de la clase para despedir a su profesor (Robin Wiliams), cuando éste es expulsado, demostrando así su desacuerdo con la rancia y encorsetada dirección del colegio que durante cientos de años había seguido la misma y aburrida doctrina.  

Otro poeta, compañero de web y amigo mío, José Manuel Chaves, fue quien me habló de ella. Igual no le gusta que lo cite, pero no sería yo si me callase.  Así pues,  muchas gracias José Manuel, y como me enseñaron a decir cuando era niña, que dios te lo pague y que las hadas no se cansen nunca de dictarte cosas bonitas (esto lo añado yo),  para que los que te leemos y admiramos, sigamos disfrutando de tus letras. El rato que pasé viendo esa película no tiene precio, así que Dios va a tener que esmerarse mucho.

Apenas quedan cinco días para que llegue. Mucha gente le teme, les hace estornudar, les enrojece los ojos, o les provoca asma; también hay quien se deprime cuando llega y es una pena, porque la primavera es la estación más bonita de todas.  Es alegre, cálida, sensitiva, e insultantemente bella. Bulle de vida, colores, y aromas.  Los insectos enloquecen con el olor de los pólenes y a ciertos humanos nos produce extraños efectos también. 

Qué bonita está la luna, cuando vienen las picores,
y salen los sarpullío’h, calentando los motores…
El santo se nos va al cielo, de plata se pone el mar
El corasón se disloca… 

En la voz de mi amigo Carlos Cano, queda mucho mejor, lo sé.  Pero es que, el dicho de que la primavera la sangre altera, es totalmente cierto. A mi me da incluso por cantar.

Y creo que esto va a ser todo por hoy, pero no quiero irme sin dejar un abrazo muy fuerte a mis cotillas.  Si, si, os digo a vosotros. A los que entráis por la puerta falsa sin hacer ruido. A los que pegados como salamandras en las paredes moradas de éste vuestro espacio, leéis desde lo alto y os vais sin dejar huella.   (A ver si así…) 

Carpe Díem, queridos míos.

Hasta pronto.

 

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