Archive for enero, 2007


 

Son múltiples las propiedades beneficiosas atribuidas a la risa.  Previene el infarto, es analgésica, rejuvenecedora, oxigena las células, facilita el sueño, elimina el estrés, incluso a ciertas personas les produce un efecto de regresión, es decir, pueden retroceder a un estado mental o emocional anterior, como un mecanismo para aliviar una realidad que se percibe dolorosa.  Hay incluso quien dice que es la mejor alternativa al sexo.

Bueno, yo hoy no buscaba una risa para salir de una realidad insoportable, pero si necesitaba reír. En mi, pasar muchos días sin hacerlo supone  algo así como no beber en las épocas de más calor. Puedo llegar a enfermar. 

No me extiendo más.  Simplemente disfrutarla, tanto como yo.

 

Si no funciona, este es el link:

http://www.youtube.com/watch?v=5P6UU6m3cqk

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Sábado 27.01.07

Hace unos días os comentaba el raro invierno que a nivel global, estaba teniendo el planeta. Bien,  parece ser que también a nivel generalizado el clima se empieza a comportar tal y como se espera de él.   A principios de semana empezó a nevar en muchos lugares;  también aquí a pesar de no ser una zona en la que nieve habitualmente.  Junto con la nieve, vino un fuerte viento y la sensación de frío era grande, pero a pesar de todo, los niños estaban encantados con el evento.

 A mi también me gusta ver caer la nieve, cómo poco a poco va cubriendo el camino y la hierba, hasta darle el típico aspecto de postal de navidad. Pero los efectos colaterales que nos ha traído esta nevada son menos bucólicos.   Medio pueblo está enfermo y las consultas de los médicos están colapsadas.  

 Yo tampoco me he escapado.  Ya sabéis… lo típico en estos casos.  Fiebre, tos, mocos, dolor de garganta, afonía… en fin, que estoy hecha un cromo.  No puedo toser porque me rompo la faringe, pero no puedo dejar de hacerlo porque si no, me ahogo.

 Y aquí estoy sin tener que estarlo, con mi mantita de cuadros sobre las rodillas como las abuelas, pero no quería dejar pasar más días sin deciros nada.  Cuando los virus se decidan a abandonar mi diminuto cuerpo, volveré, pero de momento quiero concentrar mis energías en convencerles de que lo hagan.

Un saludo afectuoso, y hasta muy pronto.

 

24.01.07 – Un deseo

El otro día, quería ser roca para no sentir el dolor y en cambio hoy quisiera ser el bálsamo que alivie el dolor de un amigo. Llevo muchos días intentando encontrar la fórmula con la que fabricar el remedio que reconforte su castigado corazón. Pero no lo consigo.   

Si los dioses que rigen las leyes del universo, dejaran de jugar a los dados, y se dedicaran a hacer bien su trabajo, las cosas irían mejor, ¡seguro!   

Mi amigo es un simple mortal que paga sus impuestos como todo el mundo.  Es buena persona, trabajador incansable, excelente padre y mejor amigo…  ¿Qué más se le puede exigir a un ser humano, para que dejen de llegarle problemas?   Me gustaría saberlo. Algo falla en el sistema, pero no consigo saber qué es. Me gustaría poder ayudar a mi amigo y no sé como hacerlo.

He oído hablar de una tal Pandora. Dicen que tiene en su poder una caja con poderes sobrenaturales y mágicos. Al parecer, Esperanza… una dama vestida de verde, experta en ofrecer aliento y optimismo a las personas con menos fortuna;  quedó apresada en su interior junto a un montón de cosas buenas cuando Pandora la cerró.

Tú, que pasas de vez en cuando por aquí, si ves a Pandora, dile por favor que necesito hablar con ella. O mejor, dile que abra la caja y libere a Esperanza. A ver si así, a mi amigo le llega una pizca de consuelo y algún gramo de ilusión, porque… le hacen mucha falta.

Para acompañar mi deseo, y esperando que se cumpla, dejo al piano Dawn (Amanecer)… un precioso tema de la banda sonora de Orgullo y Prejuicio.

 

Natalia, o el amor

Antonio Senciales, amante de la literatura y crítico aficionado, entra de vez en cuando en este rincón de la web. En una de sus entradas  me dejó un mensaje en el que decía que echa de menos aquí uno de mis relatos.

El trabajo en cuestión es el resultado de un ejercicio para un taller de escritura.  Había que confeccionar una historia a partir de lo que inspirase el tema The Package de A Perfect Circle.

Escuchándolo nació hace un ya año Natalia, o el amor. Dudé en presentarlo, pero Alparcero que fue la primera persona en leerlo, me dio el último empujón. Quedó segundo en la clasificación del taller de ese mes y aunque no sea el más bello de mis hijitos,  estoy tan orgullosa de él como de los otros.  Os he dejado The Package en la lista de música.
 
 
– Natalia, o el amor –
 

Había dejado de creer en el amor y en los hombres desde hacía tiempo, y no obstante, sin querer pretenderlo, algo dentro de ella estaba empezando a cambiar. ¿Y si le confesara la verdad?… ¿Y si le dijese que me estoy enamorando? …se preguntó ante el espejo, terminando de retocarse el maquillaje. ¿Pero que estoy diciendo? Concluyó ella misma mirándose a los ojos. ¡No estoy enamorada! Y con decisión cogió el bolso y  fue como cada viernes a su encuentro en “El Naufrago”. A medida que sus pasos se acercaban, una creciente desazón la hacia temblar en su interior como una hoja en un día de viento. ¿Y si el fuese distinto? Se preguntaba sin dar descanso a su cabeza mientras jugaba nerviosa con el cierre de su bolso.

Apoyado en la barra la esperaba Ignacio. Un industrial de mediana edad, de aspecto elegante al que había conocido unos meses atrás en ese mismo bar. Un hombre al que el trabajo lo tenía absorbido entre viajes, reuniones y eventos sociales, convirtiendo su vida en algo totalmente plano y aburrido. Alguien en búsqueda permanente de algo que lo sacara de su monótona existencia.

Sonriendo abiertamente se levantó para recibirla al verla llegar. Y sin poder reprimir el gesto, la agarró del culo acercándola hacia él para darle un beso… -¿Qué tal la semana, nena? Le preguntó dando un trago a su gin tónic. –Hoy sólo tengo dos horas, añadió sin darle tiempo a contestar.

Prisas, malditas prisas, pensaba ella sin haberse separado de él ni un milímetro. ¿Que excusa habrá dado esta vez?, ¿Qué plan habrá urdido para poder venir?, se decía mentalmente, mientras a través de la fina tela de su falda, notaba la abultada entrepierna de Ignacio en contacto con sus muslos.
-¿Quieres que vayamos?, le dijo ella cayendo una vez más y de forma irremisible en el vértigo que le producía la profundidad de sus ojos negros. Ignacio, había conocido a muchas mujeres, pero Natalia era distinta. Le bastaba el tono de su voz o una simple mirada, para volverlo literalmente loco de excitación. Y con un ademán de afirmación, apuró los últimos sorbos de su vaso, pagó la cuenta y se levantó dispuesto a seguirla.

Natalia tenía una interminable espalda de perfecta piel sedosa, terminada en el más maravilloso culo en forma de pera que él había visto en toda su vida. Tanto, que lo tenía fuera de sí desde aquella primera vez que la vio desnuda. Verla de espaldas mientras caminaba, provocaba en él un apetito feroz, hasta el punto de no poder evitar tocarse a través del bolsillo del pantalón. Sus piernas, largas y firmes como columnas de alabastro; ahora dibujaban trazos sinuosos haciendo contonear su figura como un anticipo de la danza de cuerpos que llevarían a cabo en pocos minutos.
La distancia se le hizo interminable, hasta que por fin oyó cerrarse la puerta tras él.

-Vamos nena… ¡dámelo!… Le dijo ansioso cogiéndola por detrás de forma lasciva mientras le mordisqueaba la oreja y con la mano abierta le rozaba el sexo por debajo de la ropa interior. A ella le gustaban esas manos grandes, cálidas y decididas, que conseguían hacerla arder al más mínimo roce. El pecho, la cintura, la espalda, el vientre… recorriendo su cuerpo despacio como si de un acto religioso se tratase… De hecho lo era. Natalia se había convertido en su diosa.
– ¡Dámelo todo!, le susurraba febril con la boca pegada a su cuello, mientras con el pene, duro y erecto, le dibujaba arabescos sobre la piel de las nalgas al frotarse contra ella.

A Natalia, su particular diosa del sexo, le excitaba enormemente ese “dámelo”. Y poniéndose de rodillas, besó su pene erguido, pétreo e impaciente. Lo recorrió lentamente con la humedad de su boca para introducirlo después en ella. Jugó con él trazándole círculos alrededor y presionándolo suavemente con la lengua. Succionándolo lentamente y saboreándolo a placer. A ella le gustaba hacerlo. Porque era en ese momento, y a pesar de las mentiras que tenía que inventar para poder verla, cuando lo sentía total y realmente suyo.

Ignacio no quería dejar ni un milímetro de su cuerpo sin acariciar, saborear, explorar, ver o tocar. Deseaba poseerla en plenitud. Anhelaba emulsionarse en ella utilizando la fórmula única y especial que conformaban sus cuerpos en ensamblaje perfecto. –Todo es mío, nena, jadeaba poniéndola de espaldas apoyada en ambas manos sobre el borde de la cama,…-Todo es mío, repetía una vez y otra cogiéndola por las caderas mientras con movimientos rítmicos la penetraba con frenesí.
Mío… mío… mío…
Gemidos, susurros, sudores. Mezclas de fluidos y olores…
Mío… mío… mío…
Ignacio, creyendo morir de placer, abrazó con fuerza el cuerpo de Natalia, descargando en ella su más intima esencia. Y así quedó, inmóvil, aspirando el aroma de su piel con los ojos cerrados, queriendo grabar en su memoria ese instante, cada vez nuevo y diferente.

Un timbre se oía. El tiempo se había agotado, Natalia sería de nuevo su diosa el próximo viernes, pero ahora seguiría trabajando… otro cliente la esperaba en el bar.

 

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21.01.07 – Malos pensamientos

 

Pensar es bueno. Es lo que nos diferencia de los animales, pero a mí, el hecho de tener la mente ocupada, me da dolor de cabeza.  De hecho últimamente me da dolor de cabeza casi todo. Y me da rabia, porque el medicamento milagroso que estoy tomando para prevenir mis jaquecas, ha dejado de funcionar. Pienso, aunque no debería, que quizás no fuese tan milagroso y confluyesen otra serie de factores, que para no extenderme mucho, ahora no voy a relatar.

Hoy necesito no pensar.  Quiero hacer el vacío en mi cabeza y dejar de hacer cavilaciones que no me llevan a ninguna parte. Olvidarme completamente de todo y de todos. Cerrar los ojos y ver el blanco. Sé que hay gente que logra alejar los pensamientos de su mente, pudiendo controlar  así sus emociones y por consiguiente dejan de sentir el dolor, y si funciona para el físico, quizás también vaya bien para los dolores del alma. Un dolor como el que supone echar de menos a alguien hasta el punto de no poder respirar.

Días atrás Rosie Thomas me ayudaba a hacer el vacío, pero hoy no me hace efecto.Tal vez tú, que tienes tus negras pupilas ahora clavadas en estas letras que torpemente voy enlazando puedas ayudarme a conseguirlo. Si no a dejar de pensar… si al menos a pensar en otras cosas.

¡Qué poca sangre tienes! O ¡tienes sangre de horchata! Decía mi madre cuando me mostraba apática y sin inquietudes en la desorientada edad de mi adolescencia.  Quién pudiese volver atrás, como en la película.  Alguna cosa sería diferente.

Una vez soñé que viajaba en el tiempo y era la princesa de una tribu india. Fue un sueño tan bonito y tan realista que al despertar, dudaba de que sólo hubiese sido eso. Aún olía las pieles de búfalo en las que estuve tumbada mientras los guerreros danzaban alrededor del fuego y el tam tam de los tambores, retumbaba cercano en mi cabeza…

Hoy, necesito volverme roca.  Estar ahí, como están ellas, estática e imperturbable, dejando que el mar me azote una y otra vez…. una  y otra vez…. Viendo cómo se rompen las olas en mi, se convierten en espuma y a mi no me afecta porque mi corazón es tan duro como la roca que me envuelve.

Hoy, necesito ser roca y no puedo.